Publicidad

Mostrando entradas con la etiqueta Mente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mente. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de abril de 2020

La gente muy inteligente es más feliz en soledad, ¿por qué?


Hoy en día, hablar de soledad resulta más complejo que nunca. Aunque estamos cada vez más expuestos al contacto masivo y cotidiano que implican las grandes urbes, lo cierto es que cientos de personas experimentamos la soledad, y más aún: la vivimos como algo nocivo.

Esto se debe quizá a que la soledad viste hoy peculiares disfraces –por ejemplo, el de las redes sociales, que se han convertido en espacio de múltiples y paradójicos aislamientos–. Pero también a que hemos hecho de la soledad un tabú, señalándola como algo nocivo e indeseado.

No obstante, la ciencia se ha interesado en desmitificar la soledad, para poder comprenderla en toda su dimensión y como parte inherente de la condición humana. Así tenemos que hace poco se comprobó que estar solos modifica la química de nuestro cerebro, y puede hacerlo para bien.

Esto es algo que, al parecer, las personas más inteligentes saben instintivamente, según se concluyó en un reciente estudio de psicología evolutiva. Para realizar esta investigación, publicada en el British Journal of Psychology, se partió de lo que se conoce como “la teoría de la felicidad de la sabana“. Esta teoría plantea la hipótesis de que aquello que hacían nuestros ancestros en la sabana africana podría servir para saber qué tanto seguimos teniendo una programación biológica heredada por ellos, y por qué algunas cosas muy concretas nos hacen felices.

En el caso de la soledad, podría ser que siga siendo necesaria para nosotros, como lo era para nuestros ancestros…

Pero, ¿por qué?

En dicho estudio se analizaron datos de 15,000 adultos, que incluían estatus socioeconómico, así como cociente intelectual y el estado actual de sus relaciones personales. La información arrojó elementos en común como, por ejemplo, que los participantes que vivían en entornos de alta densidad poblacional estaban menos satisfechos con su vida, en comparación con quienes vivían en zonas menos pobladas o rurales.

Pero otro elemento salió a relucir: las interacciones sociales parecían hacer más felices a quienes tenían un menor cociente intelectual, mientras que los que tenían un cociente intelectual superior a la media eran más felices si pasaban menos tiempo con amigos o en lugares con mucha gente.

Esto podría explicarse desde un enfoque evolutivo con la teoría de la sabana, pues nuestros ancestros vivían en entornos con una población no mayor a los 150 habitantes y en grandes extensiones territoriales muy alejadas de otras tribus. Según los investigadores, el cerebro humano evolucionó para programar una convivencia de ese tipo y no como la actual, que implica que compartamos el mundo con 8,000 millones de personas.

Así que quienes tienen una inteligencia mayor a la media podrían estar dejando evolucionar a su cerebro, no en un sentido de adaptación –es decir, de tener que acostumbrarse a ambientes densamente poblados–, sino de mantener algunos elementos que se hallaban en nuestros ancestros y que actualmente pueden potenciar la inteligencia –y nuestra felicidad–, como lo es el saber estar solos.

Aunque claro, citando a Honoré de Balzac:

"La soledad está bien, pero necesitas a alguien para contarle que esa soledad está bien".

Es verdad que, a fin de cuentas, somos seres sociales y nos necesitamos mutuamente. Pero aprender a estar solos es restablecer un vínculo con lo ancestral sin dejar de evolucionar. Es una manera, incluso, de aprender otros caminos a la felicidad, que no necesariamente tienen que estar cimentados sobre la vieja idea de que “a más amigos, mayor felicidad”. Más bien se trata de qué tanto sabemos ser nuestros propios amigos –estando en soledad– y cómo eso puede hacer que reinventemos nuestra convivencia.

(FUENTE: ecoosfera..com)

jueves, 9 de enero de 2020

Enfermedades psicosomáticas: descubre cómo reacciona el cuerpo ante tu mente


El cerebro y el cuerpo tienen un vínculo estrecho y especial. De la relación entre ellos depende, muchas veces, la salud y el bienestar general de una persona. Es tan importante esa relación que puede causar enfermedades, pero también curarlas.

No se trata de enfermedades imaginarias, porque sus efectos son reales, existen y son tratados, aunque pocas veces, el tratamiento aplicado es efectivo. La mente es la que produce una idea de enfermedad que no existe pero presenta síntomas y evidencias. Se cree que uno de cada tres problemas de salud, se debe al estrés, la sobrecaga mental y la falta de herramientas psicológicas para llevar adelante una situación que nos aqueja. 

Las personas que sufren una enfermedad psicosomática tienen un doble padecimiento: el dolor y el juicio social. Como sociedad carecemos, en muchas ocasiones, de la capacidad de entender y comprender a quienes, a simple vista, parecieran estar siempre enfermos. Creemos que son personas propensas a la queja que, a menudo, les duele algo o tienen mucho tiempo libre para estar en el médico cada dos por tres. Los alertamos, como si fueran niños, que de tanto llamar a la enfermedad ésta vendrá. 

Los especialistas también creen que desde la medicina no se hace todo lo posible por atender adecuadamente a estos pacientes. Son personas a las que hay que dedicarles mucho tiempo, a veces años, y realizar con ellos un estudio profundo de su vida y su situación. 

La mente envía señales de que algo no está bien

No hay única causa, por eso es tan complejo tratar con enfermedades psicosomáticas. De hecho, algunos médicos sostienen que pueden existir tantos motivos como personas que las padecen. En los análisis psicológicos de los casos más extremos se ha descubierto que existen casos de abusos físicos y mentales, la mayoría sufridos durante la niñez. El estrés cotidiano, los problemas en el trabajo, la familia y del día a día se reflejan a través de dolores de cabeza, cansancio y dolores musculares. Estos episodios son los más frecuentes y casi nadie está exento de haberlo sufrido. 

No existe una edad en la que nuestra mente comienza a `defenderse´de esta manera, aunque suele darse entre los 20 y 30 años, en casos agudos. En los niños es común que los problemas familiares o el acoso escolar se represente como dolor de estómago.

¿Tenemos que protegernos de nuestra mente?

Tenemos que querernos y ser pacientes, siendo resilientes es más sencillo sobreponerse. Seguramente hayas escuchado muchas veces eso de que `la realidad supera a la ficción´. Es algo similar, el poder de nuestra mente es ilimitado, tanto es así, que es capaz de imaginar un problema, crearlo y desarrollarlo.

La relación entre cuerpo y mente es de interacción, si trabajan en conjunto su alianza es poderosa. Nuestra manera de pensar interviene en lo que sentimos físicamente y lo que sentimos físicamente afecta a lo que pensamos.

Mejora el vínculo entre tu mente y tu cuerpo

Cualquier medicación que nos prescriban no hará tanto como tu intención de intervenir entre ellos. Meditar y practicar actividades que permiten centrarse en el `aquí y ahora´ ayudan a relajar la mente, espaciar los pensamientos y a ocuparte de situaciones concretas.

Evita los pensamientos negativos, es fácil decirlo y no tanto aplicarlo ¿verdad?, puedes empezar por dejarlos pasar. Las técnicas de visualización son recomendables para estos casos porque estimulan el cerebro como si la acción estuviese ocurriendo en la realidad. Rodearte de personas positivas, afectuosas y a las que les importas es beneficioso para que la conexión entre la mente y el cuerpo sea amable y no funcione en tu contra sino para tu bienestar personal. 

(FUENTE: hola.com)

lunes, 11 de marzo de 2019

Consejos para relajar la mente en momentos de caos


“En ese momento que detectamos el caos es probable que sintamos emociones en el cuerpo de esas que oprimen el pecho, la respiración aumenta, los pensamientos se alborotan. Vemos caos y lo interpretamos como problema y esa interpretación suele dejarnos en un rol de víctima. Cuando etiquetamos una situación como ´caótica´ la mente comienza a volar, aparecen preocupaciones, recuerdos del pasado, experiencias traumáticas de otras épocas. Y también entran los pensamientos acerca del futuro, esos que nos generan muchísima ansiedad porque nos llevan a un lugar incierto y desconocido”, le explica a Clarín Natalia Fernández, Coach Ontológico Profesional especializada en el Entrenamiento del Ser.

“El caos no es eterno”

En general, el caos aparece cuando se necesita un cambio en alguna situación material o emocional en nuestras vidas. Si bien estas crisis generan angustia, es interesante poder analizarlo como una gran oportunidad de modificar aquellas situaciones que nos molestan o nos causan displacer.

“Es muy importante la actitud con la que enfrentamos esa situación porque de nuestra actitud y de nuestra intención dependerá el resultado o cómo transitemos el camino. Es trascendente comprender que el caos no es eterno, que es pasajero y que viene a enseñarnos y a movernos de nuestra zona de confort aceptando que si nos está sucediendo es porque estamos preparados para transitarlo. También podemos aceptar encontrar el orden dentro del desorden para ir transitándolo de una manera que nos genere menos angustia”, sostiene Mariana Caballero, especialista en Terapias de Sanación Energética.

El desafío es poder ser conscientes de lo que estamos atravesando y lograr una introspección que nos permita evaluar de qué manera atravesamos el caos, cómo lo estamos viviendo e interpretando, en qué grado nos afecta, si podemos solicitar ayuda externa y qué acciones podemos tomar para superarlo de manera airosa, siempre teniendo en cuenta que ese acontecimiento se instaló en nuestras vidas para dejarnos alguna enseñanza.

¿Qué es el caos para mí? ¿Cómo vivo el caos en mi vida cotidiana?¿Qué situaciones implican caos para mí? son algunas de las preguntas que podemos hacernos en esos momentos de crisis.

“Darme cuenta si cuando aparece el caos yo lo vivo de manera negativa, si solo hablo del caos, de eso que apareció y siento que no puedo hacer nada, que me paraliza, me da miedo, angustia e impotencia. Entonces, puedo tomar dos caminos: quedarme en ese rol pasivo de ver caos y no hacer nada y sentirme víctima de él. O tomar un rol más activo. Puedo pensar que vivimos en constante cambio social, personal, laboral y el caos es parte de ese cambio en el que estamos y que, por lo tanto, podemos tomarlo como algo positivo. Yo creo que el caos hay que verlo y reconocerlo, ver qué es lo que me trae a mi vida”, dice Fernández.

¿Qué hacer?

Una vez que logramos identificar el problema y comprender cómo esa situación invade nuestro bienestar físico y emocional podemos poner en práctica ciertos recursos.

“Una gran herramienta para estos momentos es la respiración consciente: sentarse en una posición cómoda e inhalar lenta y profundamente por la nariz, imaginando que el aire que entra es luz blanca que limpia y oxigena mis emociones y mis pensamientos, exhalando por la boca despidiendo todo lo que está estancado en mí provocando enojos o bloqueos emocionales. Practicar yoga también es una buena herramienta porque nos ayuda a conectar con el cuerpo y con la respiración. Practicar algunos Mantras (repetición de alguna oración) que nos ayuda a reenfocarnos. Las terapias energéticas son de gran ayuda en estos momentos (por ejemplo el reiki) al igual que las terapias holísticas donde no se va tanto a lo mental, sino que van enfocadas en armonizar nuestros centros de energía para acompañar y ayudar a soltar el control, el cambio de creencias y encontrar la armonía y la calma, tan necesarias en estos días”, sugiere Caballero.

Fernández recomienda una serie de actividades que considera muy útiles a la hora de enfrentarse al caos.

- Buscar un libro que te guste mucho y que te de placer leer. 

 - Escuchar la música que nos conecta con la alegría y que hace que nos den ganas de bailar, cantar o saltar.

 - Aprovechar la creatividad mediante la escritura, la pintura o la fotografía, entre otras actividades.

-Tomar clases de Meditación o un curso de Mindfulness.

“Es importante que cada persona encuentre su manera de canalizar por dónde sacar las emociones que les genera caos. Desde actividad física, hacer listas, pedir ayuda a un profesional para ordenar sus ideas. Cada persona encontrará las respuestas en su interior porque cada momento de caos vendrá con una intensidad de emociones diferentes. Lo más importante no es qué hacer, sino darnos cuenta de que es momento de hacer algo para salir de ese estado y tomar la decisión de hacerlo”, finaliza Fernández.

(FUENTE: clarin.com)

lunes, 25 de junio de 2018

Científicos descubren la parte del cerebro relacionada con las 'experiencias espirituales'



Científicos de la Universidad de Yale (Estados Unidos) han identificado que la corteza parietal del cerebro humano se podría encargar de procesar las llamadas 'experiencias espirituales' que muchas personas aseguran que tienen a lo largo de sus vidas.

Para desarrollar su trabajo, esos especialistas pidieron a 27 jóvenes sanos que recordaran con detalle un episodio de sus vidas en el que sintieron "una fuerte conexión con un poder superior o una presencia espiritual". Una semana después, los mismos voluntarios se sometieron a escáneres cerebrales con resonancia magnética funcional para registrar su actividad neuronal mientras escuchaban una voz femenina que leía el relato que habían descrito en la primera ocasión.

Los resultados mostraron que los participantes exhibieron patrones de actividad similares en torno al lóbulo parietal inferior izquierdo, un área usualmente involucrada en la conciencia sobre uno mismo y los demás. Con menor intensidad, también se registróactividad en el tálamo, una región cerebral relacionada con el procesamiento sensorial y emocional.

En cualqueir caso, los responsables de la investigación reconocen una de las principales limitaciones de este estudio: solo contaron con un pequeño grupo de participantes jóvenes con origen y características muy similares. Por ello, sus experiencias espirituales —así como el abanico de sensaciones que les producen y la manera que tienen de procesarlas— no se pueden considerar representativas de una supuesta espiritualidad universal.

Uno de los autores del estudio, el neurocientífico Marc Potenza, destacó que "comprender las bases neuronales de las experiencias espirituales puede ayudarnos a entender mejor su contribución a la recuperación de la salud mental y la sanación de los trastornos adictivos". 

(FUENTE: actualidad.rt.com)
Related Posts with Thumbnails