
¿Cómo se exorciza a una vaca? Puede parecer una pregunta ridícula pero Katherine Howe se la hizo a sus alumnos de historia de la brujería en la Universidad de Boston. Y ¿quién mejor que ella, descendiente de dos de las brujas de Salem, para responderla? «Si yo hago un maleficio a una vaca, tengo relación con ella y con el exorcismo a quien se quiere dañar es a la bruja. Hay dos formas de hacerlo: una, que no recomiendo, es pegar muy fuerte a la vaca; otra, poner orina de la vaca en un frasco con clavos y enterrarlo o quemarlo». Ya ven, así de fácil y no solo vale para vacas. «Los arqueólogos han hallado en Inglaterra y EEUU muchos de estos frascos de brujas con clavos».
Después de esto uno no sabe si creerla cuando Howe, especialista en historia inglesa y estadounidense, asegura entre risas que no ha intentado poner en práctica ninguno de los hechizos de los libros que ha utilizado para documentarse –«ni siquiera soy buena cocinera, seguro que me saldrían fatal...»–.
Howe visitó ayer Barcelona, quizá con una escoba en la maleta, para presentar su primera novela, El libro de los hechizos (Planeta / Columna), una intriga a caballo entre el siglo XVII y 1991, basada, igual que la tesis que prepara, en sus antepasadas, víctimas de los juicios de Salem. Año 1692, Massachusetts, en la puritana y patriarcal Nueva Inglaterra. Las falsas acusaciones de unas niñas que sufren ataques y dicen haber sido embrujadas desatan una ola de denuncias contra sus vecinos que se salda con 150 encarcelados por brujería, 19 de ellos ahorcados, cinco fallecidos en prisión y otro aplastado.
No fue hasta los 15 años, hace 17, que Howe descubrió sus orígenes gracias a una tía paterna que se dedicó a completar un árbol genealógico que alguien de la familia empezó en el siglo XIX. «Fue fascinante saberlo. Años más tarde me pregunté cuál fue su historia y lo investigué. Siempre lo ví desde el prisma de que los acusados eran inocentes y lo que más me sorprendió –explica– fue hallar pruebas de que la gente, a pesar de profesar una religión tan puritana, creía realmente en la magia popular y la brujería». ¿Y usted cree en las brujas? Nueva sonrisa: «Es difícil saberlo. Hay personas que hoy se consideran brujos».
Una de sus antepasadas lleva su apellido, Elizabeth Howe –«fue acusada por la familia de su marido y la ahorcaron»–; la otra, Elizabeth Proctor, sobrevivió –«la acusaron a ella y a su esposo. A él lo ahorcaron y a ella, como estaba embarazada, la encarcelaron durante el juicio, un año, hasta que tuvo el niño».
El estigma
Nadie se libró del estigma de Salem. «La sospecha flotaba sobre los absueltos pero hasta los jueces cayeron en desgracia. Nathaniel Hawthorne, autor de La letra escarlata, que toda su vida se avergonzó de ser descendiente de uno de ellos». Los acusados, según Howe, más que brujas, «eran personas non gratas que representaban una amenaza. Imaginen que estoy en 1690 en mi casa y llama a la puerta una mendiga pidiendo comida. Le digo que no, que se vaya, y ella me grita ‘te arrepentirás’ y se va mascullando. Al día siguiente mi vaca, que estaba perfectamente, se muere. ¿A quién culparía?». Haberlas, haylas.
(FUENTE: elperiodico.com)





